lunes, 22 de enero de 2018

¿Qué estás realmente pidiendo?

Observa sosegadamente...¿qué es lo que estás realmente pidiendo?

El principio de la Expiación es el recuerdo de que la separación jamás ha sucedido. Esto quiere decir que todo lo que aparenta haber ocurrido desde la "pequeña y alocada idea" ha sido una fabricación. 
 
Lo que Jesús nos pregunta es: "Porqué deseas resolver un problema que no se encuentra ahí? Deja en cambio que se te ayude con el problema de intentar resolver un problema inexistente. Ese es el problema ---la creencia demente de que deseas problemas irresolubles ya que ellos mantienen el Amor de Dios alejado de ti y, más concretamente, mantienen protegida y a salvo tu identidad individual"... 
... todo lo que necesitamos hacer con nuestros problemas es pedir ayuda no para resolverlos en el nivel del mundo, sino para que podamos entender porqué nos empeñamos en insistir que existe un mundo y un cuerpo que demandan continuamente nuestra atención e incluso peor, porqué insistimos en que Dios o el Espíritu Santo arreglen esos problemas por nosotros...
 
... esto está expresado por ejemplo en el principio #33 de los milagros de la siguiente manera:

"Los milagros... desvanecen las ilusiones que albergas acerca de ti mismo y perciben la luz en ti. De esta forma, al liberarte de tus pesadillas, expían tus errores. Al liberar a tu mente de la prisión de tus ilusiones, restauran la cordura."  T-1.1.33
Fuente:
Ken Wapnick.
Journey through the Text of A Course in Miracles 

domingo, 14 de enero de 2018

Deshaciendo las sombras



¿Qué es necesario que hagamos para borrar todo pensamiento de pecado de nuestra santa mente?









¡Nada!

Salvo mirar con amabilidad a quien haya sido el objetivo del odio de la culpa que hemos querido desplazar (proyectar) de nuestra mente. El perdón implica llegar a ver que tanto nuestra ira (culpa proyectada) es una fabricación --no es otra cosa que la falsa interpretación del odio del ego de lo que en verdad ha sido la petición de amor de nuestro hermano, que le recuerden que ya ha sido perdonado-- al igual que la propia culpa. 

No somo el Hijo de Dios en la culpa y en el pecado, pero sí lo somos en la santidad y en el amor.

Atrás quedan entonces los discordantes sonidos infernales del ego, reemplazados por la dulce canción del Cielo que limpia nuestros oídos de culpa y nos permite escuchar claramente los latidos del Cielo en nosotros y en toda la Filiación, sin excepciones. El ego y su sistema de pensamiento de separación, pecado y especialismo simplemente han sido vistos sin condena, y la sonrisa susurrada de la Expiación acoge con satisfacción el silencio del Cielo en nuestros corazones, para nunca volver a vagar.

-Ken Wapnick.











lunes, 8 de enero de 2018

Preguntas y respuestas Facim: Abusos en la infancia...

Pregunta #200:  Estoy en mi primer año de trabajo con UCDM.  En mi infancia, abusaron sexualmente de mi. La vergüenza tan intensa que siento por ello ha hecho que mis relaciones sean difíciles. Con cada nuevo fracaso al intentar conservar o mantener una relación, se vuelve todo cada vez más difícil. No estoy en contra de estar en un proceso continuo para perdonar a quienes abusaron de mi.  Pero mis dificultades de vida parecen sugerir que tengo que continuamente perdonarme yo. ¿Hay alguna forma en la que pueda abordar esto, específicamente en mi relación renovada con Dios?

Respuesta: Es tu ego el que te ha convencido que la vergüenza que sientes ahora se debe a los sucesos traumáticos y abusos sufridos en tu infancia. Es así como el problema permanece sepultado en el pasado, donde es imposible que pueda ser deshecho. No eres la única persona que piensa de esta manera. Éste es el propósito del mundo: que no nos demos cuenta que donde de verdad está el problema es en la mente –la única fuente y origen de la culpa y la vergüenza– y no en los eventos pasados de nuestras vidas donde no podemos hacer nada para revertirlos.

No quiero decir tampoco que esos sucesos no hayan sido terribles, ni que no vayas a estar asediada por todos los pensamientos relacionados con esa experiencia. Lo que el Curso te ofrece es otra manera –en el presente– de mirar todo lo ocurrido para que no tenga el poder sobre tu vida y tu mente que ha tenido hasta ahora.

La culpa acerca del pensamiento que deseamos y pudimos separarnos del amor se encuentra profundamente enterrada en nuestra mente; dicha culpa es la verdadera causa de toda vergüenza, una vergüenza tan intensa que nos lleva a creer que no merecemos ser amados, que toda una vida que comienza con abusos por parte de quienes se supone deberían ser responsables de nosotros, es un castigo adecuado por el “crimen” de haber abusado del amor. Llevamos a cuesta la creencia de ser gravemente defectuosos de alguna manera y ésa es la causa real de la vergüenza.

Nunca revertimos esto y miramos la causa de la vergüenza en nuestra mente, donde el amable apoyo de Jesús –el símbolo del Amor de Dios en la mente– nos llevaría a cuestionarnos la validez de esta auto-condena originaria. En lugar de eso, nuestra atención queda desplazada y enfocada hacia el mundo de los cuerpos y , la vergüenza, queda asociada con el haber estado indefenso contra los abusos que otros sobre los quienes no teníamos ningún poder o control cometieron con nosotros. Y entonces esa parece ser la vergüenza que está envenenando enteramente nuestra vida y el motor de todas las relaciones en las que nos embarcamos buscando el amor que anhelamos pero que no tenemos.  La buena noticia que nos trae el Curso es que el problema no está donde lo estamos percibiendo –en el mundo de los cuerpos– sino en nuestra mente donde también se encuentra la solución (el perdón).

Y es ahí donde tu renovada relación con Dios y su representante, Jesús, y su Curso, te ofrecen esperanzas. Ya que a medida que estés dispuesta a dejar al descubierto la culpa y vergüenza ontológica a la cual apunta la vergüenza de tu vida personal y mirarlo todo con el amor de Jesús a tu lado, te irás gradualmente permitiendo reconocer que no hay nada por lo que tengas que estar avergonzada. Ya que con el amor de Jesús a tu lado comenzarás a reconocer que tú no has abandonado ni traicionado al amor y que el amor tampoco te ha abandonado ni traicionado a ti.

Para comentarios acerca del perdón de los perpetradores, ver también la pregunta #174.



Fuente: http://facimoutreach.org/qa/questions/questions39.htm#Q200

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Preguntas y respuestas Facim: ¿Cómo podemos saber si en realidad hemos perdonado?

Pregunta#1382: Cómo sabemos en realidad que hemos perdonado a otros o a una situación y cómo es que realmente se puede hacer? Lo repetimos de palabra como un mantra, ‘te perdono,’ hasta que comencemos a sentir que en realidad queremos hacerlo? Por ejemplo, Estoy intentando perdonar a mi empresa y a las condiciones insufribles de vida y de trabajo que tengo que soportar. La vida en un presunto cuerpo es ya suficientemente dura sin tomar en cuenta las dificultades adicionales de aceptar las condiciones de vida que se encuentran por debajo de los estándares mínimos, como en algunos países del tercer mundo. Yo le pido guía al Espíritu Santo, pero es una petición que se enfoque en la supervivencia y las condiciones materiales algo muy burdo? Cómo puedo además estar seguro que es el Espíritu Santo quien responde y no mis preferencias personales?


Respuesta: No hay nada en un Curso de Milagros, o en sus enseñanzas de perdón, que recomiende permanecer en situaciones que te hacen sentir miserable o que amenacen con tu salud o tu bienestar. Esto no es el enfoque gentil que provee el Curso para fomentar la espiritualidad. Mientras creamos que somos un cuerpo, es muy natural el querer vivir y trabajar en condiciones que llenen nuestras expectativas personales de vida y no es incorrecto, o espiritualmente desacertado, el pensar acerca de eso. Negar nuestras necesidades corporales o psicológicas es algo que Jesús muy cuidadosamente nos pide que no hagamos (T.2.IV.3:8-11). El camino del Curso es un camino gentil, que sale a nuestro encuentro precisamente donde creemos estar.

El perdón no puede alcanzarse forzándote a ti mismo a que creas en algo que realmente no crees, o que hagas algo que realmente no quieres hacer. Todos tenemos mentes divididas, lo cual significa que una parte de nosotros quiere en realidad aprender este curso, mientras que la otra parte se resiste con uñas y dientes. Pero de nuevo, este es un camino gentil, por consiguiente, pone su enfoque en nuestra “dosis de pequeña voluntad” para hacer lo que se nos pide que hagamos. Así que en lugar de repetir de boca palabras que esperamos sean algún día algo más que palabras, sería de mucha más ayuda reconocer cuánto no quieres perdonar a tu empresa y cuán dispuesto estás a responsabilizarla de tu miseria, sintiéndote perfectamente justificado cuando lo haces. Esto es más honesto.

Entonces puedes simplemente mirar la dinámica del ego sin juzgarte a ti mismo por ella, sabiendo de antemano que Jesús tampoco te juzga por eso. El Amor nunca juzga. En algún momento te darás cuenta  que tus juicios acerca de tu empresa te impedían estar en paz  y que no vale la pena continuar haciéndolo. Llegarás a darte cuenta entonces de que “tiene que haber otra manera.” Esto no quiere decir ---vamos a repetirlo--- que te tienes que quedar en una determinada situación hasta que perdones. La misma lección aparecerá en otras circunstancias, de eso puedes estar seguro, así que no le hagas caso a la voz del ego que te dice que tengas miedo de perder la única oportunidad que tienes de deshacerte de él.

Link al original  aquí.

Preguntas y respuestas Facim: ¿Es cierto que las últimas partes del Curso pueden resultar traumáticas si no estamos lo suficientemente preparados?

Pregunta #1348: Podemos ver que en el capítulo 1 de Un Curso de Milagros se nos dice: “Éste es un curso de entrenamiento mental. Todo aprendizaje requiere atención y estudio en algún nivel. Algunas de las secciones posteriores de este curso se basan en tan gran medida en estas primeras secciones, que es necesario un estudio muy detallado de las mismas. También las vas a necesitar a modo de preparación. Sin esta preparación, lo que sigue podría infundirte demasiado temor, imposibilitando así el que pudieses usarlo de manera constructiva... Algunos de los pasos posteriores de este curso, sin embargo, entrañan un acercamiento más directo a Dios Mismo. No sería prudente iniciar esos pasos sin una preparación cuidadosa,pues, de lo contrario, la reverencia se confundiría con el miedo, y la experiencia acabaría siendo más traumática que beatífica.” (T.1.VII.4:1,2,3; 5:7,6,7,8).
¿Podríamos inferir -de acuerdo a lo citado anteriormente- que si no tenemos cuidado en cuanto a la forma de trabajar con el Curso, es posible que nuestra experiencia sea traumática y no de ayuda? ¿Qué tan en serio deberíamos tomarnos esta “advertencia” por parte el autor del Curso y prepararnos adecuadamente antes de comenzar con las partes posteriores del Curso? ¿Cómo podríamos saber que estamos “preparados adecuadamente” para no caer en la trampa de confundir la “reverencia con el miedo”? De hecho, si estudiamos los capítulos iniciales del texto, ¿cómo saber cuándo tenemos que avanzar más en el texto o incluso comenzar con el libro de ejercicios? ¿No son acaso los primeros capítulos demasiado abstractos como para poder entenderlos antes del resto del Curso? ¿Qué no estoy entendiendo aquí?

Respuesta: Los párrafos que citas no pertenecen originalmente a lo que es el final del primer capítulo. Ellos forman parte de un mensaje más amplio dado a Helen y Bill en el cual Jesús enfatizaba la importancia de que estudiaran el material que se les estaba dando (ver por ejemplo el libro “Ausencia de Felicidad”). En cierto sentido, esto forma parte de cualquier relación maestro estudiante --- el maestro insta a los estudiantes a que estudien lo que se les está enseñando. Debido a que el programa de Estudios de Un Curso de Milagros contempla el entrenamiento mental, es muy importante que diligentemente nos dediquemos al estudio del material, con el propósito de prepararnos para las etapas posteriores del entrenamiento mental que se basan en las anteriores.
Jesús está básicamente hablando de acercarnos a Dios y a experimentar Su Amor. Tenemos muchas capas de defensas que nos “protegen” de la experiencia de Dios, porque no deseamos perder nuestra atesorada sensación de la existencia independiente. Por lo tanto, las primeras etapas de estudio y entrenamiento establecen los cimientos para este proceso, y comienzan en formas que podemos tolerar sin caer incapacitados por el pánico. Esto nos prepara para las fases subsiguientes que nos acercan un poco más a la experiencia que rechazamos originalmente (y que aún rechazamos) cuando tomamos la elección de ser individuos separados y autónomos. Es necesario que lleguemos a conocer el sistema de pensamiento que vamos a deshacer y que tengamos alguna idea de los obstáculos que hemos interpuesto en nuestro camino, de lo contrario no seremos capaces de procesar adecuadamente lo que sucede después de la fase de deshacimiento. Esta es la razón por la que Jesús desea que estudiemos el material cuidadosamente. Por “cuidadosamente” Jesús quiere decir que nos demos cuenta de que nos está hablando directamente a nosotros tal y como nos experimentamos ahora. Jesús no está simplemente presentando una serie de ideas y conceptos a ser abordados de manera impersonal. Él quiere que nos acostumbremos a pensar acerca de nosotros mismos de la manera en la que nos describe en este curso.

Por consiguiente, se trata más acerca de una actitud hacia el estudio que de una comprensión exhaustiva de lo que se nos está informando en estos primeros capítulos. Tal y como ya has dicho, hay partes de estos capítulos iniciales (y todo lo que resta de los capítulos siguientes, dicho sea de paso) que son muy difíciles de comprender, pero Jesús no espera que lleguemos a comprender inmediatamente todas las palabras y las implicaciones de cada una de las ideas. Esa es la razón por la que Jesús vuelve a los principios básicos una y otra vez y los refuerza en cada uno de los tres libros.
El objetivo no es el dominio intelectual del texto, sino el combinar nuestra actitud de estudio y genuino interés de comprender el sistema de pensamiento que nos está presentando, para que lleguemos a reconocer que nos estamos embarcando junto con Jesús en una jornada que tarde o temprano llegará a penetrar en profundidad en las áreas de nuestras vidas y mentes que hemos procurado mantener ocultas. La mejor manera de hacer esto es lentamente con una conciencia cada vez más amplia de que hay una presencia amorosa y reconfortante dentro de nosotros que nos invita a sostener su mano en cada paso del camino para que la jornada culmine en una experiencia beatífica.
Finalmente, es útil recordar que “el programa de estudios es sumamente individualizado” (M.29.2:6). Por lo tanto, en lo que respecta a cuándo comenzar con el libro de ejercicios, confía en lo que sientas y no fuerces las cosas. No hay errores en lo que a esto respecta.